Cuando Tu Esteticista Te Dice Que Uses Protector Solar Todos Los Dias Y Tu Lo Usas Una Vez Al Ano

Cuando Tu Esteticista Te Dice Que Uses Protector Solar Todos Los Dias Y Tu Lo Usas Una Vez Al Ano

Esto me pasó hace tres veranos. Me compré una crema de protectora solar en el Mercadona. Me la puse una vez. En mayo. Cuando empezó a hacer bueno. Y no volvió a salir del armario hasta septiembre, que fue cuando me quemé en una boda en Benidorm y mi mujer me miró con esa cara que pone cuando intenta no matarme.

«Te dije que te pusieras protección solar todos los días», me dijo. Y yo le dije: «Sí, pero todos los días es mucho.» Y ella me miró con esa cara otra vez, y yo entendí que en algún punto de la conversación había tomado una decisión que ahora me costaba una semana de piel roja y descascarada.

Esto, translated al mundo de la estética, es lo que pasa cada vez que una esteticista le recomienda a su clienta una rutina de cuidado diario y la clienta sale por la puerta y hace exactamente lo que le da la gana.

El problema no es la recomendación. Es la follow-up.

Las esteticistas sois increíbles dando consejos. Sabéis exactamente qué necesita cada piel. Tenéis más conocimiento en la punta del dedo que la mayoría de dermatólogos en un año. El problema no es lo que decís. Es lo que pasa después.

Porque después la clienta se va a casa, abre el baño, mira los 47 productos que tiene ahí acumulados durante años, y hace lo de siempre: nada. O peor, lo que le dice YouTube. O lo que le recomienda su madre. O lo que ve en un reel de una influencer que vende lo que sea que le paguen por vender.

Y seis semanas después vuelve a tu consulta y te dice: «No me funcionó el tratamiento.» Y tú te quedas pensando: «¿Cómo que no te funcionó? Si el protocolo era perfecto.» Y es que el protocolo era perfecto. El problema es que no hubo protocolo. Solo hubo una recomendación. Y una recomendación sin seguimiento es solo un deseo.

El problema del «te lo explico todo»: Si le explicas a tu clienta qué tiene que hacer en casa pero no tienes un sistema para verificar que lo hace, no estás haciendo tu trabajo. Estás haciendo tu trabajo a medias. Y las clientas no pagan para que les hagas las cosas a medias.

Por qué las clientas no siguen las rutinas

No es por falta de interés. La mayoría de clientas quieren hacer las cosas bien. Lo que pasa es que el cuidado de la piel en casa es complicado. No por la técnica — por la constancia. Y la constancia requiere recordar. Y recordar requiere que alguien se lo recuerde.

Aquí van las razones más frecuentes por las que una clienta no sigue su rutina:

1. Demasiado complicado. Le das siete pasos. Ella tiene tres minutos por la mañana y otros tres por la noche. Si la rutina no cabe en esos seis minutos, no se va a hacer. Simplifica. Siempre se puede simplificar más.

2. No entiende por qué. «Pónte esta crema porque sí» no funciona. «Pónte esta crema porque tu piel necesita esto y esto otro, y si no te lo pones el tratamiento que hemos hecho hoy pierde un 40% de efectividad» funciona mejor. El por qué es lo que motiva. La obligación es lo que se olvida.

3. No tiene los productos. Le recomiendas cosas que no existen en su pueblo, o que cuestan un dineral, o que no sabe dónde comprar. Si la rutina requiere ir a tres tiendas distintas, no se va a hacer. Recomienda lo que haya en la farmacia de la esquina.

4. No tiene supervisión. Se lo pone durante una semana, no nota nada a los tres días, y piensa que no funciona. No sabe que los resultados del cuidado de la piel se ven en semanas, no en días. Necesita que alguien le explique esto. Necesita un timeline realista.

El sistema que funciona: check-in, no controle

Mi mujer no me контролирует sobre si me pongo la crema. Lo que hace es comentármelo cuando me ve la piel mal. «Te estás descascarando», me dice. Y yo me pongo la crema durante tres días. Y luego se me olvida. Y ella vuelve a comentármelo.

Esto es lo que funciona: recordatorios casuales, no check-ins formales. No hace falta enviar un formulario de seguimiento cada semana. Solo hace falta mencionar las cosas de paso, en el momento correcto.

En la consulta funciona igual. En lugar de preguntar «¿te has puesto la crema?», pregunta «¿qué tal con la rutina?». Es la misma pregunta, pero la segunda no suena a контроль. Suena a interés genuino. Y el interés genuino fideliza. El контроль, en cambio, genera resistencia.

La regla del «menos es más»: Si tienes que elegir entre darle a tu clienta una rutina de 10 pasos que no va a seguir y una rutina de 3 pasos que sí va a seguir, dale la de 3 pasos. Tres pasos hechos son mejores que diez pasos imaginarios.

Cómo crear una rutina que realmente se siga

Esto es lo que mi mujer hace con sus clientas. Y funciona. No siempre, pero más veces que antes.

1. Pregunta antes de recomendar. «¿Cuánto tiempo tienes por la mañana para tu rutina?» Si dice cinco minutos, la rutina tiene que caber en cinco minutos. No en siete. En cinco.

2. Prioriza. De todo lo que podría usar, ¿cuáles son las dos o tres cosas que van a dar más resultado? Estas son las que se quedan. El resto se va.

3. Dame algo escrito. No importa cómo se lo des. Un papel, un mensaje de WhatsApp, una nota de voz. Lo que importa es que tenga algo a lo que mirar cuando se olvide. Y se va a olvidar. Siempre.

4. El seguimiento. 48 horas después del tratamiento, envía un mensaje corto. No para controlar. Para recordar. «Hola, ¿qué tal la piel? ¿Te has acordado de la rutina?» Esto hace dos cosas: demuestra que te importa y reactivates el compromiso.

5. Ajusta. Si la clienta te dice que no ha podido, no la juzgues. Pregunta qué ha pasado. Quizás el problema no es la motivación — es que el producto se acabó y no supo cuál comprar, o que por las mañanas tiene prisa y la noche se le olvida. Cada problema tiene una solución. Pero tienes que saber cuál es primero.

El momento que cambia todo

Mi mujer me cuenta que hay un momento en la relación con una clienta que lo cambia todo. Es cuando la clienta vuelve a la segunda sesión y nota una diferencia. No una diferencia enorme. Pero suficiente para pensar: «Esto está funcionando.» Ese momento de «esto está funcionando» es el momento en que la clienta pasa de «tengo que hacer lo que me dice» a «quiero hacer esto porque funciona».

Ese momento no ocurre solo. Ocurre porque has construido las condiciones para que ocurra: la rutina era simple, el seguimiento funcionó, y la clienta tuvo tiempo de ver resultados.

Tu trabajo no acaba cuando la clienta sale por la puerta. Acaba cuando esa clienta ha visto resultados reales. Y eso puede tardar semanas. O meses. Pero si no te quedas hasta ese momento, la mayoría no van a llegar.

La verdad incómoda: Si tus clientas no siguen las rutinas que les recomiendas, no es porque no les importe. Es porque tu sistema no les hace fácil seguirla. Y eso es algo que puedes cambiar.

Yo y el protector solar

Volviendo a mí. Me quemé en aquella boda. Me pelé durante dos semanas. Mi mujer me lo tenía dicho. Y yo hice lo que siempre hago: lo mío.

Pero algo cambió después de aquello. Empecé a ponerme protección solar. No todos los días, porque soy así. Pero sí cuando sabía que iba a estar al sol. ¿Qué cambió? No fue el consejo. Fue que mi mujer me explicó por qué importaba. Y me recordó después. Y me vio la piel mal. Y me lo volvió a recordar.

Seguimiento. Constancia. Interés genuino. Eso es lo que funciona. También con las clientas. También con uno mismo.

¿Quieres que revisemos cómo hacer que tus clientas sigan las rutinas que les recomiendas?

Agenda una asesoría gratuita de 30 minutos con El Marido de una Esteticista y te ayudamos a mejorar el seguimiento post-tratamiento.

Reserva aquí

0 0 votos
Rating del Articulo
Suscribir
Notificar de
0 Comentarios
Más antiguo
El más nuevo Más votado
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios