Cuando el Negocio Pesa: Guía para Apoyar a tu Pareja en la Travesía Emprendedora

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Hay noches en las que el silencio de la casa habla más que cualquier conversación. Llego y encuentro a Laura, mi mujer, sentada en el sofá con el portátil sobre las rodillas, pero con la mirada perdida en algún punto de la pared. La pantalla muestra un sinfín de columnas de un Excel, el programa de citas y la pasarela de pago de la web. Sé que en su cabeza no solo hay números y nombres, sino también el peso de las responsabilidades, las dudas y el agotamiento que conlleva dirigir su propio centro de estética.

El negocio es su sueño, pero hay días en que ese sueño pesa como el plomo. Esa noche fue una de esas. Se giró hacia mí y, sin que yo preguntara nada, soltó un suspiro que resumía la semana entera: «Jota, a veces siento que no llego a todo. Es la nueva aparatología, la formación de las chicas, los pedidos que no llegan, una clienta que se quejó por una tontería en redes sociales… y encima tengo que pagar las nóminas. No sé si puedo con tanto».

En ese momento, mi primer instinto como hombre resolutivo es saltar con soluciones: «Pues delega esto», «Llama a tal proveedor», «No le hagas caso a esa clienta». Pero más de veinte años a su lado y en este sector me han enseñado que, a veces, la mejor solución no es una solución, sino un refugio.

Me senté a su lado, la abracé y dejé que hablara. Que vaciara esa mochila invisible que cargaba. Habló durante casi una hora, saltando de un tema a otro, mezclando la frustración con el miedo y el cansancio. Yo solo escuchaba, asentía y le recordaba de vez en cuando lo increíblemente valiente y capaz que era por haber llegado hasta donde estaba. No intenté arreglarle el mundo en ese instante; me limité a sostener el suyo para que no se desmoronara.

Cuando terminó, el ambiente era otro. Más ligero. La maraña de problemas seguía ahí, pero ya no parecía un monstruo invencible. Al día siguiente, con la mente más clara, nos sentamos con un café y, ahora sí, trazamos un plan de acción. Priorizamos tareas, buscamos pequeños huecos en su agenda para que pudiera respirar y delegó un par de responsabilidades en su empleada de confianza, quien, por cierto, recibió la nueva tarea con entusiasmo.

Ser la pareja de una emprendedora es un trabajo en sí mismo. No se trata de dirigir su negocio, sino de ser el director de orquesta de su bienestar emocional. Es saber cuándo hablar y cuándo callar, cuándo proponer soluciones y cuándo simplemente ofrecer un abrazo y un «estoy aquí para ti».

Mis recomendaciones para apoyar a tu pareja emprendedora:

  • Conviértete en su «zona segura»: El centro de estética ya es un campo de batalla. Tu hogar y tu compañía deben ser el lugar donde pueda bajar la guardia sin ser juzgada. Escucha sin interrumpir y valida sus emociones. Frases como «entiendo que te sientas así» o «es normal estar abrumada» son más poderosas que cualquier plan de negocio.
  • Ayúdale a poner orden en el caos mental: Cuando el estrés es alto, la mente se nubla. Ayúdala a exteriorizar sus preocupaciones. Una simple pizarra o una hoja de papel donde apuntar todo lo que le ronda por la cabeza puede ser una herramienta increíblemente útil. Una vez visualizado, es más fácil priorizar y atacar los problemas uno a uno.
  • Fomenta la desconexión real: La mente de una emprendedora nunca descansa. Es tu «misión» crear momentos de desconexión total. No se trata solo de ver una película mientras revisa el móvil. Organiza una escapada corta, una cena sin teléfonos o incluso una hora para dar un paseo. Oblígala, con cariño, a apagar el «modo jefa».
  • Celebra las pequeñas victorias: En la carrera por alcanzar grandes metas, es fácil pasar por alto los pequeños logros. ¿Una reseña positiva de una clienta? ¿Una empleada que ha aprendido una nueva técnica? ¿Haber sobrevivido a una semana de locos? ¡Celébralo! Una cena especial, su postre favorito… cualquier gesto que le recuerde que su esfuerzo diario tiene recompensas.

Moraleja: El pilar más importante de un negocio exitoso no siempre está en sus cuentas o en su estrategia de marketing, sino en el equilibrio y la fortaleza emocional de quien lo lidera. Y esa fortaleza, a menudo, se construye y se nutre en casa.

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