Aquella tarde, Laura terminó una limpieza facial y salió a la recepción con el ceño fruncido. Yo estaba en mi rincón habitual, tomando notas para reorganizar el calendario de proveedores, cuando la vi suspirar profundo. “¿Qué pasó, amor?”, le pregunté. “Nada grave… solo que la clienta se fue molesta porque le dije que no le podía borrar un lunar con ácido”, respondió. Y ahí empezó la conversación que inspiró esta reflexión.
Desarrollo:
🧩 El desafío:
En el mundo de la estética, la búsqueda de la perfección es una constante. Muchas personas llegan con la ilusión —o la exigencia— de transformarse. Pero a veces esa expectativa choca con la realidad profesional, ética o incluso médica. En este caso, la clienta veía el lunar como una imperfección, mientras que Laura lo veía como un rasgo natural, incluso bonito, y sobre todo: no era una lesión estética, sino un asunto médico.
🔧 La solución:
Laura, con esa calma que ha ido entrenando con los años, explicó con cariño pero firmeza que lo suyo era estética, no dermatología. Y que si algo la incomodaba tanto, lo mejor era consultarlo con un especialista. La clienta, aunque al principio se sintió rechazada, acabó agradeciendo la honestidad. Y Laura, en vez de sentirse frustrada por no complacerla, se sintió orgullosa de haber puesto límites desde el respeto.
📋 Recomendaciones:
- Reconoce tus límites profesionales. Decir “esto no lo puedo hacer” no es fallar, es ser responsable.
- Acepta que no todo se puede “arreglar”. La belleza también está en lo auténtico, en lo que nos hace únicos.
- Ayuda a educar a tus clientes. A veces llegan con ideas erróneas, no por maldad, sino por desconocimiento.
- No conviertas cada sesión en una misión de perfección. La aceptación también embellece.
💬 Reflexión final:
La verdadera belleza no siempre está en lo que quitamos, sino en lo que aprendemos a aceptar. En los centros de estética no se reparan personas: se cuidan, se miman y, muchas veces, se acompañan en procesos emocionales más profundos. El equilibrio entre perfección y aceptación es como ese lunar: puede ser visto como una falla… o como una marca de identidad.
