Por Qué Tu Esteticista Siempre Llega A Casa Hablando De Una Clienta Que No Conoces De Nada

Por Qué Tu Esteticista Siempre Llega A Casa Hablando De Una Clienta Que No Conoces De Nada

Porque trabaja con personas. Y las personas tienen historias. Y las esteticistas escuchan historias durante 8 horas al día.

Mi mujer me cuenta cosas de sus clientas que yo no sabría ni cómo preguntar. No por falta de educación — por falta de contexto. Cosas que pasan en la vida de alguien que solo importa para esa alguien y para la persona que la está escuchando durante 45 minutos mientras le hace un tratamiento.

Y yo me quedo ahí, cenando, intentando recordar quién es María y por qué está triste, o quién es Lucía y por qué lleva tres meses sin venir aunque siempre venía cada cuatro semanas. Y lo intento, pero la verdad es que no las conozco. Son personajes de la vida de mi mujer que yo solo conozco de refilón.

Lo que pasa en una consulta de estética

Esto lo he ido entendiendo con los años. Mi mujer no solo trabaja con la piel de la gente — trabaja con las personas que hay detrás de esa piel. Y eso incluye conversaciones que yo no me imagino.

Una clienta que llora mientras le hacen las uñas porque acaba de recibir una mala noticia. Otra que viene cada semana a la misma hora y siempre quiere hablar del mismo tema — el tema que le preocupa sin que nadie pueda resolverlo. Una tercera que se ha hecho un tratamiento nuevo y está nerviosísima esperando el resultado.

Mi mujer ve todo eso. Escucha todo eso. Y luego se lo lleva a casa. No en el sentido literal — en el sentido de que lo carga. Porque es difícil escuchar durante horas sin que algo se te quede. Y aunque ella tiene una capacidad increíble para compartmentalizar, no es una máquina. A veces algo le afecta. Y me lo cuenta a mí. Porque soy yo quien se lo ha buscado, casándome con ella.

Por qué te lo cuenta a ti

No porque espere que resuelvas nada. Las historias de sus clientas no las resuelve nadie — son de ellas. Mi mujer las escucha porque es su trabajo, sí, pero también porque es su naturaleza. Es una persona que se implica. Y cuando se implica, luego necesita desahogarse. Descargar. Explicar qué ha pasado en el día sin que sea trabajar en casa.

Esto no es quejar. Es procesar. Hay una diferencia enorme. Quejarse es buscar quejar. Procesar es necesita dejar ir para poder seguir. Y mi mujer necesita dejar ir para poder seguir.

Lo que nunca hago cuando me cuenta: Intentar resolver. No le estoy pidiendo soluciones — le estoy dando espacio para que suene. Si yo empiezo a dar consejos no pedidos, ella cierra. Y se queda con todo dentro. Y eso no es bueno para nadie. Lo he aprendido. Años. Pero lo he aprendido.

Lo que significa para ella

Significa que el trabajo de esteticista es mucho más que tratamientos. Es atención emocional. Es estar presente en momentos de la vida de alguien que quizás nadie más está atendiendo. Y eso, aunque no lopongas en una factura, tiene un coste. Un coste emocional. Y ese coste se paga de alguna manera.

Por eso mi mujer necesita los domingos. Necesita desconectar de la clínica, de las clientas, de las historias. Necesita ser ella, no su versión profesional. Y yo intento facilitar eso lo que puedo. Quedándome con los niños, sacando a la perra, cocinando algo que no requiera pensar.

Si eres esteticista y cargas con las historias de tus clientas sin procesarlas, eventualmente se acumula.burnout emocional. Si eres pareja de una esteticista y no sabes por qué viene a casa y necesita hablar de María que no vino más, o de Lucía que estaba triste: es esto. Es su trabajo. Y es parte de lo que ofreces — atención real a personas reales.

Para las clientas que leen esto: Lo que contáis en la consulta se queda en la consulta. Salvo lo que ella me cuenta a mí de las que ya no vienen hace tiempo y de las que sé que están bien. Eso sí me lo cuenta. Porque hayclientas que se convierten en casi amigas. Y de esas sí hablo. Con el mío. Y el mío me escucha. Porque me quiere. O algo así.

Lo que le digo cuando me lo cuenta

Normalmente nada. O un «vaya» o un «pobrecita» o un «y qué hiciste?» según el tono. Lo importante no es qué digo — es que la dejo decir. Sin juicio. Sin consejo. Sin «pues yo en tu lugar…»

A veces, cuando lleva días contándome clientas y sé que está agotada, le digo: «¿Hoy has comido?» Porque eso sí lo puedo preguntar. Y eso sí lo puedo ayudar a resolver. Si ha comido, puede procesar. Si no ha comido, no puede. Y si no puede, luego es peor.

El trabajo emocional de escuchar es real. Y necesita combustible. Y el combustible es comida, descanso, y alguien que escuche sin intentar arreglar nada. Si eres ese alguien para alguien que trabaja de cara al público: gracias. Es más difícil de lo que parece.

¿Trabajas en estética y cargas con más de lo que la gente cree?

Si necesitas hablar sobre cómo gestionar la parte emocional de tu trabajo, tenemos recursos y podemos orientarte. Sin compromiso.

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