Hay días en los que la vida familiar decide, sin avisar, colarse por la puerta del salón como un torbellino. Y si trabajas con tu pareja, como Laura y yo, esos días pueden ser tan entrañables como caóticos. Hoy te cuento uno de esos episodios que mezclan ojeras, amor, rimel… y plastilina en la camilla.
Desarrollo:
Era sábado por la mañana, el día más intenso del centro. Laura tenía la agenda completa desde las 9:00, y yo me estaba encargando de la recepción, redes sociales, pedidos y, en teoría, de cuidar a nuestro hijo de 4 años, Nico.
Pero claro, uno hace planes… y la infancia se ríe de ellos.
Mientras Laura aplicaba una mascarilla de arcilla a una clienta, Nico se me escapó de la salita de juegos. Lo siguiente que escuchamos fue:
—“¡Mamá! ¿Esto es para pintar en la cara? Porque me hice una ceja como la tuya.”
Entramos corriendo a la cabina y ahí estaba: Nico con un delineador waterproof en mano, y unas cejas que lo hacían parecer el primo rebelde de Frida Kahlo. La clienta, por suerte, se lo tomó con humor y dijo:
—»Tranquila, Laura, mientras no me lo tatúe en la frente, todo bien.»
Laura, entre la risa y la resignación, siguió con su trabajo mientras yo me llevaba a Nico, que ahora intentaba “maquillar” a una muñeca con sérum antiedad.
Ese día terminamos agotados, pero también aprendimos una lección fundamental: cuando el trabajo y la familia se cruzan, la paciencia debe estar más cargada que el vaporizador.
Recomendaciones y claves del aprendizaje:
- Planificación flexible: Si tus hijos van a estar en el centro, crea un espacio seguro y con actividades que los mantengan entretenidos.
- Comunicación previa con clientes: Avisar que hay niños en el local no es debilidad, es honestidad. La mayoría lo agradece.
- Haz equipo con tu pareja: Dividir roles, aunque no sea al 50%, ayuda a evitar explosiones emocionales.
- Humor como salvavidas: Reírse de los imprevistos en lugar de estresarse puede salvar el día.
Reflexión final:
Conciliar familia y trabajo no es fácil, pero en el fondo, los momentos más caóticos son los que más se recuerdan. Y cuando los clientes ven que, además de profesionales, somos humanos… se crea un vínculo que ni el mejor lifting puede lograr.
