Lucía venía al centro desde hacía casi un año. Piel reactiva, autoestima en pausa y una historia personal que no contaba con palabras, pero que su rostro reflejaba en cada mirada hacia el espejo.
Separación reciente. Nuevo trabajo. Reinicio total.
Durante esos meses, Laura no solo fue su esteticista. Fue su cómplice silenciosa. Cada sesión era también una charla, una pausa, un ritual de reparación emocional.
Hasta que un día, Lucía llegó con una caja de bombones y los ojos llorosos.
—“Este es mi último tratamiento. Me mudo a otra ciudad. Empiezo de cero. Pero quería venir una vez más… porque aquí me reconstruí.”
Laura no pudo contenerse. Lloraron. Se abrazaron. Y en ese abrazo, no se despidieron de un servicio. Se despidieron de una etapa.
🛠️ El Desafío
- Sostener emocionalmente un vínculo que va más allá del servicio.
- Entender que cuando una clienta se despide, a veces lo que cierra no es la agenda… es un ciclo de vida.
- Acompañar sin retener, con gratitud, no con pena.
✅ Lo que hicimos (y recomendamos):
- Celebrar el cierre, no lamentarlo
Preparamos una pequeña nota y un regalo simbólico: una mini crema con etiqueta personalizada que decía “Para tu nueva piel, en tu nueva etapa”. - Foto del antes y después emocional (sin necesidad de filtros)
Le mostramos la ficha de su primer día. Se sorprendió: no por su piel, sino por su mirada. La de hoy era otra. Fuerte. Serena. - Un último abrazo con presencia total
Nada de “¡que te vaya bien!” al pasar. Nos dimos el tiempo. Con música de fondo. Con corazón abierto.
🧭 Recomendaciones para ti y tu equipo:
- Guarda espacio emocional para las clientas que “se van”. A veces vuelven, a veces no… pero siempre dejan algo.
- Celebra sus logros como propios: si cambia de país, trabajo o pareja, es parte de la transformación que vivió contigo.
- Ofrece un pequeño recuerdo, aunque sea simbólico: una frase, una crema, una flor.
- Escribe lo que aprendiste con ella. Porque sí, ellas también nos enseñan.
💡 Moraleja
En cada centro de estética, hay historias que se tallan en la piel… pero también en el alma. Y cuando una clienta se va, no se cierra una cita. Se celebra un camino compartido.
Y eso, amigas y amigos, es belleza con mayúsculas.
