La mascarilla fantasmal y el susto de la clienta

La mascarilla fantasmal y el susto de la clienta

Aquella mañana, Laura tenía un turno bastante relajado. Tres tratamientos faciales, una sesión de presoterapia y una nueva clienta que venía recomendada por una amiga del pueblo.
—“Es una señora muy maja, se llama Rosario. Tiene unos 60 años y es un poco nerviosilla, pero muy educada”, le dijeron.

Rosario llegó puntual, bolso en mano, y muy dispuesta a dejarse mimar. Tras una breve charla inicial, Laura le propuso una higiene profunda con una mascarilla oxigenante de esas que hacen espuma y… bastante efecto visual.
—“¿Esto burbujea?”
—“Sí, es normal. Da sensación de cosquilleo y forma una espumita fina por toda la cara. Tranquila que no pica”, explicó Laura con cariño.

La señora se tumbó en la camilla, cerró los ojos, y Laura le aplicó el producto mientras ponía música relajante de fondo. Todo iba perfecto.

Hasta que, cinco minutos después, Laura tuvo que salir un momento al almacén a buscar una ampolla. Tardó apenas dos minutos.

Pero al volver… Rosario ya no estaba tumbada. Estaba de pie frente al espejo, mirándose como si hubiera visto un fantasma, con la cara completamente cubierta de espuma blanca, y gritando:
—“¡Lauraaaaaa! ¿Qué me has echado? ¡Parezco una lavadora humana!”

Laura se quedó helada un segundo… y luego no pudo evitar soltar una carcajada. Intentó disimular, pero no pudo.
Rosario, al ver su reacción, empezó a reír también. Y entre risa y risa dijo:
—“¡Yo pensaba que me estaba saliendo sarna! Si no llego a verme en el espejo, me arranco la mascarilla de un manotazo.”

Luego, sentadas con un café, Rosario le contó que había tenido una mala experiencia con una crema hace años y por eso se asustó.
—“Eso sí, hija, hacía tiempo que no me reía tanto. Mira que si me da algo con la espuma y salgo a la calle así, me ingresan en urgencias y no me lo creen…”

Desde aquel día, Laura tiene una regla: si pone mascarilla burbujeante, se queda al lado sí o sí. Nada de salir un momento. Y otra cosa: Rosario ahora es clienta fija y cada vez que viene pregunta:
—“¿Hoy toca otra lavadora facial o me libro?”


✨ Moraleja:

En estética también se cometen errores… o más bien situaciones inesperadas. Lo importante es aprender, saber reírse de uno mismo y, sobre todo, hacer que la clienta también se ría contigo. Porque cuando una risa se cuela en cabina, ya hay medio tratamiento ganado.

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